
Todo desde el desencanto de alguien que asegura haber gastado parte del dinero que ha ganado en el espectáculo en ayudar a los demás: "Si tuviera que decir la verdad... he ayudado a mucha gente, a pobres a ancianas. Incluso a algún drogadicto para quitármelo de encima porque eso da hasta pena, por no decir asco".
El caso es que, pasados todos estos años, ahora Carmen reconoce que tiene miedo a la soledad. Y que le hubiera gustado tener un hijo, pero que le hubiera dado vergüenza por lo que es. Algo que ya sucede, según ha confesado, con algunos miembros de su familia, que le quieren, pero que se avergüenzan.
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