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27 nov. 2013

Letizia se enfrenta a la cruda realidad social de España


Sucedió en la ciudad de Valencia, a la salida de la casa de Caridad, institución que cumple 100 años y en la cual se reparten mas de 1000  raciones de comida al día para los colectivos más vulnerables de la ciudad.
Siendo  fieles a la verdad mi Leti se vió  obligada a romper el protocolo por los abucheos de la gente, en especial  los gritos de   Pilar Albert, una mujer que se encontraba en la cola y le ha comentado su situación -tres hijos en el paro y a punto de ser desahuciada- y le ha pedido "trabajo para los pobres". Un frente a frente con la cruda realidad social Española.
Pilar declaró luego a los periodistas que la princesa había sido muy cercana y que le había pedido paciencia y que se cuidara mucho.

6 nov. 2013

Boda y exclusiva reunen al clan Janeiro

Con motivo de la boda entre Victor Janeiro y Beatriz Trapote el clan Janeiro se ha vuelto a reunir y vía exclusiva en la revista HOLA han dado a conocer los pormenores del enlace entre el carnícero de Toros y la aspirante a estrella televisiva.
Posan muy efusivos al estilo dientes dientes de La Pantoja, en la portada de la famosa revista española con Jesulín de Ubrique y su mujer Maria José Campanario (imagino que como condicionante para aparecer en portada) que indica que al festin asistieron cerca de 450 invitados como la ocasión merecía

Raquel del Rosario se ha casado con Pedro Castro

La cantante española del Sueño de Morfeo y ex-esposa del piloto Fernando Alonso se ha casado en California con su novio Pedro Castro con quien sostenía una relación de poco mas de un año.
Aunque siempre ha guardado un hermetismo con su vida privada (ya ocurrió con su boda secreta con el piloto español de formula 1) ha sido ella misma quien ha desvelado los detalles de su boda a través de su blog personal :
"...hoy quiero compartir con ustedes un trocito de una de las más importantes que he tomado en la mía. Pedro y yo hemos decidido unirnos aún más en una íntima y especial ceremonia. Siempre he pensado que una boda debe ser una celebración acorde a la personalidad de cada uno, y los dos lo tuvimos claro desde el principio: solos tú y yo. ¡Estoy muuuy feliz! Hoy no hablamos de un look cualquiera jaja, la elección de un vestido para un día tan especial es algo que hay que meditar mucho. Tenía claro que quería algo con aires bohemios y decidí volver a confiar en mis amigas de Yolancris (siempre agradecida)".
"No hizo falta darle muchas vueltas ni diseñar un vestido específico para mí", cuenta la cantante, "cuando vi éste entre las fotos de la próxima colección lo tuve claro, ya no pude mirar ningún otro ¡era perfecto! Lo mismo pasó a la hora de elegir los zapatos y diseñar la banda del pelo, no hay nada como que un diseñador entienda lo que quieres desde el primer momento. El ramo me lo hice yo misma con flores silvestres que recogí el día anterior en un paseo por el campo. Pedro se puso en manos de Lander Urquijo después de ver los trajes que le hizo a mi compañero Juanito para Eurovisión. Una auténtica joya hecha a mano y con un exquisito gusto. No me pudo gustar más.. ¡¡¡que guapísimo estaba!!! Incluso en el día de nuestra boda le hice trabajar, jaja, aparte de las fotos que nos hizo el fotógrafo después de la ceremonia quería tener algunas hechas por él, su mirada siempre es especial. Deseo que les gusten tanto como a mí".

24 oct. 2013

Christian Grey será el maniquí irlandés Jamie Dornan


La película Cincuenta sombras de Grey que se encuentra en fase de casting y pre producción ya cuenta con su protagonista masculino luego de la renuncia de Charlie Hunnam por "incompatibilidades de agenda".
La elección ha recaído en el modelo y actor irlandes Jamie Dornan de 32 años quien 
ha protagonizado campañas de publicidad para Armani, Calvin Klein, Christian Dior. Es notable en este campo la campaña de lencería protagonizada con Eva Mendes en el 2009 para Calvin Klein.
En el campo actoral es conocido por su papel de  sherif Graham Humbert en  la serie televisiva "Erase una vez", y como el  conde Axel Fersen en la película de Sofia Coppola " María Antonieta".
Recordamos que Dornan Compartirá protagonismo —y escenas de cama— con Dakota Johnson en el papel de la estudiante Anastasia Steele.

Esperamos la reacción de los seguidores de esta Fan Fiction que se ha convertido en best seller mundial rodeada de numerosas polémicas.

23 oct. 2013

Cincuenta Sombras de Grey - capítulo 1 (E.L. James)


 
Frunzo el ceño con frustración hacia mí misma frente al espejo. Maldito sea mi cabello, sencillamente no se comporta, y maldita sea Katherine Kavanagh por estar enferma y someterme a esta terrible experiencia. Debería estar estudiando para mis exámenes finales, que son la próxima semana, sin embargo, aquí estoy, intentando cepillar mi cabello para que luzca controlado. No debo dormir con el cabello mojado. No debo dormir con el cabello mojado. Recitando este mantra varias veces, intento, una vez más, tenerlo bajo control con el cepillo. Pongo los ojos en blanco con exasperación y miro a la pálida chica con cabello castaño y ojos azules demasiado grandes para su rostro devolviéndome la mirada, y me rindo. Mi única opción es dominar mi caprichoso cabello con una cola de caballo y esperar que luzca semi-presentable.

Kate es mi compañera de habitación y ha elegido el día de hoy, de todos los días, para sucumbir a la gripe. Por lo tanto, no puede asistir a la entrevista que habia quedado de hacer, con algún magnate mega-industrial del que jamás he oído hablar, para el periódico escolar. Así que me he ofrecido voluntaria. Tengo examines finales con los que quemarme las pestañas, un ensayo que terminar y se supone que vaya a trabajar esta tarde, pero no, hoy tengo que conducir doscientos sesenta y cinco kilómetros al centro de Seattle para reunirme con el enigmático Gerente General de Grey Enterprises Holdings Inc. Como un excepcional empresario y muy importante benefactor de nuestra Universidad, su tiempo es extraordinariamente precioso —mucho más precioso que el mío— pero le ha concedido una entrevista a Kate. Una verdadera oportunidad, me dice ella. Malditas sean sus actividades extracurriculares.

Kate está acurrucada en el sofá, en la sala.



—Ana, lo lamento. Me tomó nueve meses conseguir esta entrevista. Tomará otros seis volverla a programar, y ambas nos habremos graduado para entonces. Como editora, no puedo pasar de esta oportunidad. Por favor —me ruega Kate con su áspera y adolorida voz. ¿Cómo lo hace? Incluso enferma, se ve pícara y hermosa, con el cabello rubio fresa en su lugar y los ojos verdes brillantes, aunque ahora están rodeados de rojo y llorosos. Ignoro mi punzada de simpatía inoportuna.

—Por supuesto que iré, Kate. Deberías regresar a la cama. ¿Quieres algo de Nyquil o Tylenol?

—Nyquil, por favor. Aquí están las preguntas y mi grabadora de mini-discos. Sólo presiona “Grabar” aquí. Haz notas, lo transcribiré todo.

—No sé nada de él —murmuro, intentando y fallando en suprimir mi creciente pánico.

—Las preguntas te ayudarán. Ve. Es un largo camino. No quiero que llegues tarde.

—De acuerdo, me voy. Regresa a la cama. Te hice algo de sopa para que calientes más tarde. —La miro fijamente, con cariño. Sólo por ti, Kate, haría esto.

—Lo haré. Buena suerte. Y gracias, Ana, como es costumbre, eres mi salvavidas.

Recogiendo mi cartera, le sonrío irónicamente, luego salgo directo al auto. No puedo creer que haya dejado a Kate convencerme de esto. Pero entonces Kate puede convencer a cualquiera de cualquier cosa. Será una periodista excepcional. Es articulada, fuerte, persuasiva, argumentativa, hermosa y es mi amiga más, más querida.

Los caminos están despejados cuando salgo de Vancouver, WA[1], hacia Porland y la I-5[2]. Es temprano y no tengo que estar en Seattle hasta las dos de la tarde. Afortunadamente, Kate me ha prestado su Mercedes CLK deportivo. No estoy de que Wanda, mi Viejo VW Beetle, conseguiría hacer el trayecto a tiempo. Oh, el Merc[3] presenta un divertido viaje y los kilómetros se desvanecen cuando piso el pedal al máximo.

Mi destino son las oficinas centrales de la empresa global del Sr. Grey. Es un enorme edificio de veinte pisos, con cristales curvados y acero, una fantasía arquitectónica utilitaria, con “Grey House” escrito discretamente en acero sobre las puertas delanteras de vidrio. Faltan quince minutos para las dos cuando llego, enormemente aliviada de no llegar tarde mientras camino hacia el enorme —y francamente intimidante— vestíbulo de cristal, acero y arenisca blanca.

Detrás del solido escritorio de arenisca, una muy atractiva y bien arreglada rubia me sonríe placenteramente. Está usando la chaqueta grisácea y camisa blanca más nítidas que alguna vez he visto. Se ve inmaculada.

—Estoy aquí para ver al Sr. Grey. Soy Anastasia Steele representando a Katherine Kavanagh.

—Discúlpenme por un momento, Señorita Steele. —Ella enarca una ceja ligeramente mientras yo espero tímidamente frente a ella. Estoy empezando a desear haber pedido prestado uno de los blazer formales de Kate en lugar de usar mi chaqueta azul marino. He hecho un esfuerzo y me he puesto mi única falda, mis botas hasta la rodilla color marrón y un suéter azul. Para mí, esto es inteligente. Pongo una de las hebras de mi cabello tras mi oreja mientras pretendo que ella no me intimida.

—Se espera a la Señorita Kavanagh. Por favor, firme aquí, Señorita Steel. Use el último ascensor a la derecha, presione el piso número veinte. —Me sonríe amablemente, divertida sin duda, mientras yo firmo.

Me entrega un pase de seguridad que tiene la palabra “VISITANTE” estampada muy firmemente en el frente. No puedo evitar esbozar una sonrisilla. Seguramente es obvio que sólo estoy de visita. No encajo aquí, en absoluto. Nada cambia, suspiro para mis adentros. Agradeciéndole, camino hacia la zona de ascensores más allá de los dos hombres de seguridad que están de lejos mucho más inteligentemente vestidos que yo con sus trajes negros bien confeccionados.

El ascensor me sacude con una velocidad terminal hacia el piso numero veinte. Las puertas se abren y estoy en otro gran vestíbulo —de nuevo, de puro cristal, acero y arenisca blanca. Me veo frente a otro escritorio de arenisca y otra joven rubia vestida impecablemente de blanco y negro, quien se levanta para saludarme.

—Señorita Steele, ¿podría esperar aquí, por favor? —Señala a la arraigada área de sillas de cuero blanco.

Detrás de las sillas de cuero hay una espaciosa sala de reuniones con paredes de vidrio con una mesa de oscura madera igualmente espaciosa y al menos veinte sillas a juego rodeándola. Más allá de ellas, hay una ventana del piso al techo con una vista del cielo de Seattle que deja ver toda la ciudad hacia el Sound[4]. Es una vista sorprendente y estoy momentáneamente paralizada por ella. Wow.

Me siento, rebusco las preguntas en mi cartera y las reviso, maldiciendo para mis adentros a Kate por no darme una corta biografía. No sé nada de este hombre al que estoy a punto de entrevistar. Él podría tener noventa o treinta años. La incertidumbre es mortificante y mis nervios vuelven a la superficie, poniéndome inquieta. Nunca he estado cómoda con entrevistas cara-a-cara, prefiero el anonimato de una discusión grupal en la que me puedo sentar inadvertidamente en la parte trasera de la habitación. Para ser honesta, prefiero mi propia compañía, leyendo una novela clásica británica, repantingada en una silla en la biblioteca del campus. No sentada y retorciéndome nerviosamente en un colosal edificio de cristal y piedra.

Pongo los ojos en blanco para mí misma. Lleva el control, Steele. Juzgando por el edificio, que es demasiado clínico y moderno, supongo que Grey está en sus cuarenta: es delgado, bronceado y rubio para encajar con el resto del personal.

Otra elegante rubia impecablemente vestida sale de una gran puerta a la derecha. ¿Qué es lo que sucede con todas las rubias inmaculadas? Esto parece como Stepford[5]. Tomando un profundo aliento, me pongo de pie.

—¿Señorita Steele? —pregunta la última rubia.

—Sí —grazno, y me aclaro la garganta—. Sí. —Allí, eso sonó más seguro.

—El Sr. Grey la verá en un momento. ¿Puedo tomar su chaqueta?

—Oh, por favor. —Lucho para quitarme la chaqueta.

—¿Le han ofrecido algún refresco?

—Um… no. —Oh, Dios, ¿la Rubia Número Uno está en problemas?

La Rubia Numero Dos frunce el ceño y le da una mirada a la joven mujer detrás del escritorio.

—¿Le gustaría té, café, agua? —pregunta, volviendo su atención de vuelta a mí.

—Un vaso de agua. Gracias —murmuro.

—Olivia, por favor tráele a la Señorita Steele un vaso de agua. —Su voz es severa. Olivia se levanta inmediatamente y se escabulle tras una puerta al otro lado del vestíbulo.

—Mis disculpas, Señorita Steele, Olivia es nuestra nueva interna. Por favor, siéntese. El Sr. Grey la verá en otros cinco minutos.

Olivia regresa con un vaso de agua helada.

—Aquí tiene, Señorita Steele.

—Gracias.

La Rubia Numero Dos marcha hacia el gran escritorio, sus tacones haciendo eco en el piso de arenisca. Se sienta y ambas continúan con su trabajo.

Tal vez el Sr. Grey insista en que todas sus empleadas sean rubias. Me estoy preguntando ociosamente si eso es legal cuando la puerta de la oficina se abre y un alto, atractivo y elegantemente vestido hombre Africano-Americano con cortas rastas sale. Definitivamente me he puesto la ropa equivocada.

Se da la vuelta y dice a través de la puerta. —Golf, esta semana, Grey.

No escucho la respuesta. Él se da la vuelta, me ve, y sonrío, sus oscuros ojos arrugándose en las esquinas. Olivia ha saltado y llamado el ascensor. Ella parecer sobresalir al saltar de su asiento. ¡Está más nerviosa que yo!

—Buenas tardes, señoritas —dice mientras sale hacia la puerta deslizante.

—El Sr. Grey la verá ahora, Señorita Steele. Puede pasar —dice la Rubia Numero Dos. Me pongo de pie temblorosamente, intentando suprimir mis nervios. Recogiendo mi cartera, abandono mi vaso de agua y me abro paso hacia la puerta parcialmente abierta.

—No necesitar tocar, sólo entre. —Ella sonríe amablemente.

Empujo la puerta para abrirla y entro a trompicones, tropezándome con mis propios pies y cayendo dentro de la oficina.

Doble mierda. ¡Yo y mis dos pies izquierdos! Estoy sobre manos y rodillas en el umbral de la oficina del Sr. Grey y manos amables me están rodeando, ayudándome a poner de pie. Estoy tan avergonzada, maldita sea mi torpeza. Tengo que estabilizarme para levantar la mirada. ¡Dios mío! Él es tan joven.

—Señorita Kavanagh. —Extiende una mano con dedos largos hacia mía una vez que estoy de pie—. Soy Christian Grey. ¿Se encuentra bien? ¿Le gustaría sentarse?

Tan joven —y atractivo, muy atractivo. Es alto, vestido con un fino traje gris, camisa blanca y corbata negra con un rebelde cabello cobrizo, e intensos y brillantes ojos grises que me observan sagazmente. Me toma un momento encontrar mi voz.

—Um. De hecho… —murmuro. Si este tipo está en sus treinta entonces estoy completamente sorprendida. Aturdida, pongo mi mano en la suya y nos damos un apretón. Cuando nuestros dedos se tocan, siento un raro y excitante hormigueo recorriéndome. Aparo mi mano apresuradamente, avergonzada. Debe ser la estática. Parpadeo rápidamente, mis pestañas encajando con el ritmo de mi corazón.

—La Señorita Kavanagh está indispuesta, así que me envió a mí. Espero que no le moleste, Sr. Grey.

—¿Y usted es? —Su voz es cálida, posiblemente divertida, pero es difícil saberlo por lo impasible de su expresión. Parece ligeramente interesado, pero sobre todo eso, cortés.

—Anastasia Steele. Estoy estudiando Literatura Inglesa con Kate, um… Katherine… um… la Señortia Kavanagh en la Washington State.

—Ya veo —dice simplemente. Creo que veo el fantasma de una sonrisa en su expresión, pero no estoy segura.

—¿Le gustaría tomar asiento? —Me hace señas hacia el sofá de cuero blanco con forma de L.

Su oficina es demasiado grande para solo un hombre. Frente a las ventanas que van desde el piso hasta el techo, hay un enorme escritorio moderno de madera oscura alrededor del cual podrían comer cómodamente seis personas. Hace juego con la mesa de café junto al sofá. Todo lo demás es blanco, el techo, los pisos y las paredes, excepto aquella junto a la puerta, donde cuelga un mosaico de pequeñas pinturas, treinta y seis de ellas arregladas en un cuadrado. Son exquisitas, una serie de objetos mundanos y olvidados pintados con detalles tan preciosos que lucen como fotografías. Puestas juntas, son impresionantes.

—Un artista local. Trouton —dice Grey cuando atrapa mi mirada.

—Son adorables. Elevan lo ordinario hasta lo extraordinario —murmuro, distraída por él y por las pinturas. Inclina su cabeza hacia un lado y me observa atentamente.

—No podría estar más de acuerdo, Señorita Steele —responde, su voz es suave y por alguna razón inexplicable me encuentro a mí misma sonrojándome.

Fuera de las pinturas, el resto de la oficina es fría, limpia y clínica. Me pregunto si refleja la personalidad del Adonis que se hunde con gracia en una de las sillas de cuero blanco frente a mí. Sacudo la cabeza, trastornada por la dirección de mis pensamientos, y recupero las preguntas de Kate de mi cartera. Después, pongo la grabadora de mini-discos y soy toda dedos y pulgares, dejándola caer dos veces en la mesa de café en frente de mí. El Sr. Grey no dice nada, esperando pacientemente —espero— mientras yo me avergüenzo y me pongo más nerviosa. Cuando me armo de valor para mirarlo, él me está observando, una mano relajada contra su regazo y la otra ahuecando su barbilla y deslizando su largo dedo índice a través de sus labios. Creo que está intentando suprimir una sonrisa.

—Lo lamento —tartamudeo—. No estoy acostumbrada a esto.

—Tómese todo el tiempo que necesite, Señorita Steele —dice él.

—¿Le molesta si grabo sus respuestas?

—Después de que se ha tomado tantas molestias poniendo la grabadora, ¿me pregunta ahora?

Me sonrojo. ¿Me está provocando? Eso espero. Parpadeo hacia él, insegura de qué decir, y creo que le doy lástima porque cede: —No, no me molesta.

—¿Kate, quiero decir, la Señorita Kavanagh, le explicó para qué era la entrevista?

—Sí. Para que aparezca en la publicación de la graduación en el periódico escolar dado que seré quien confiera los diplomas en la ceremonia de graduación de este año.

¡Oh! Estas son noticias nuevas para mí y estoy temporalmente preocupada por el pensamiento de que alguien no mucho mayor que yo —de acuerdo, quizá seis años o algo así, y bien, mega exitoso, pero aun así— va a entregarme mi diploma. Frunzo el ceño, trayendo mi díscola atención de vuelta a la tarea en mano.

—Bien. —Trago nerviosamente—. Tengo algunas preguntas, Sr. Grey. —Aparto un mechón rebelde de mi cabello tras mi oreja.

—Pensé que las tendría —dice, inexpresivo. Se está riendo de mí. Mis mejillas se calientan al darme cuenta y me enderezo y cuadro los hombros en un intento de verme más alta y más intimidante. Presionando el botón de grabación en la grabadora, intento lucir profesional.

—Es usted muy joven para haber acumulado un imperio así. ¿A qué le debe su éxito? —Lo miro. Su sonrisa es atribulada, pero luce vagamente decepcionado.

—Los negocios siempre son sobre las personas, Señorita Steele, y soy muy bueno juzgando a las personas. Sé qué las enoja, qué las hace prosperar y qué no, qué las inspira y cómo incentivarlas. Doy empleo a un equipo excepcional y los recompenso bien. —Hace una pausa y fija una mirada gris en mí—. Mi creencia es conseguir el éxito en cualquier esquema que uno tenga para convertirse a uno mismo en el maestro de dicho esquema, conocerlo por dentro y por fuera, conocer cada detalle. Trabajo duro, muy duro para hacer eso. Tomo decisiones basado en la lógica y los hechos. Tengo un instinto natural que puede localizar y nutrir una buena idea sólida y buenas personas. La línea final siempre está reducida a las buenas personas.

—Quizá usted sólo es suertudo. —Esto no está en la lista de Kate, pero él es tan arrogante. Sus ojos destellan momentáneamente sorprendidos.

—No me adhiero a la suerte o a la oportunidad, Señorita Steele. Entre más duro trabajo más suerte parezco tener. En realidad se trata de tener a las personas correctas en su equipo y dirigir sus energías acordemente. Creo que fue Harvey Firestone quien dijo: “El crecimiento y el desarrollo de las personas es la tarea más importante del liderazgo”.
“Suena como un friki del control.” Las palabras están fuera de mi boca antes de que pueda pararlas.
“Oh, practico el control en todas las cosas, señorita Steele,” dice sin un rastro de humor en su sonrisa. Lo miro, y sostiene mi mirada firmemente, imperturbable. Mi pulso se acelera, y mi cara se sonroja de nuevo.
¿Por qué tiene un efecto tan desconcertante sobre mí? ¿Su abrumadora buena apariencia quizás? ¿La forma en que frota suavemente su dedo índice sobre su labio inferior? Me gustaría que dejara de hacer eso.
“Además, se adquiere inmenso poder asegurándote a ti mismo en tus fantasías secretas que naciste para controlar las cosas,” continuó, su voz suave.
“¿Siente que tiene un inmenso poder?” Friki del control.
“Empleo a alrededor de cuarenta mil personas, señorita Steele. Eso me da una cierta sensación de responsabilidad – poder, si se quiere. Si hubiera decidido que ya no estaba interesado en el negocio de las telecomunicaciones y vendido, veinte mil personas lucharían para realizar los pagos de su hipoteca después de un mes o así.”
Mi boca cae abierta. Estoy perpleja por su falta de humildad.
“¿Y no tiene una junta ante la que responder?” pregunto, disgustada.
“Poseo mi propia compañía. No tengo que responder ante una junta.” Levanta una ceja hacia mí. Me sonrojo. Por supuesto, sabría esto si hubiera hecho algo de investigación. Pero mierda, es tan arrogante. Cambio de enfoque.
“¿Y tiene intereses fuera de su trabajo?”
“Tengo intereses variados, señorita Steele.” El fantasma de una sonrisa llega a sus labios. “Muy variados.” Y por alguna razón, estoy confundida y acalorada por su firme mirada. Sus ojos están encendidos con algún pensamiento impío.
“Pero si trabaja tan duramente, ¿qué hace para relajarse?”
“¿Relajarme?” Sonríe, revelando perfectos dientes blancos. Dejo de respirar. Realmente es guapo. Nadie debería ser así de atractivo.
“Bueno, para ‘relajarme’ como usted dice – navego, vuelo, disfruto de varias actividades físicas.” Se mueve en su silla. “Soy un hombre muy rico, señorita Steele, y tengo caros e interesantes pasatiempos.”
Echo un vistazo rápidamente a las preguntas de Kate, queriendo salir de este tema.
“Usted invierte en el sector manufacturero. ¿Por qué, específicamente?” Pregunto. ¿Por qué me hace sentir tan incómoda?
“Me gusta construir cosas. Me gusta saber cómo funcionan las cosas: qué hace que las cosas se muevan, cómo construir y desmontar. Y adoro los barcos. ¿Qué puedo decir?”
“Eso suena como su corazón hablando en lugar de la lógica y los hechos.”
Su boca hace una mueca y me mira evaluándome.
“Posiblemente. Aunque hay gente que diría que no tengo corazón.”
“¿Por qué dirían eso?”
“Porque me conocen bien.” Sus labios se curvan en una sonrisa torcida.
“¿Dirían sus amigos que usted es fácil de llegar a conocer?” Y me arrepiento de la pregunta tan pronto como la digo. No está en la lista de Kate.
“Soy una persona muy privada, señorita Steele. Hago mucho para proteger mi privacidad. No suelo dar entrevistas,” termina.
“¿Por qué estuvo de acuerdo en hacer ésta?”
“Porque soy benefactor de la Universidad, y a pesar de los intentos y los propósitos, no pude conseguir que la señorita Kavanagh me dejara en paz. Acosó y acosó a mi gente de RP, y admiro esa clase de tenacidad.”
Sé lo tenaz que Kate puede ser. Ese es el por qué estoy sentada aquí retorciéndome incómodamente bajo su penetrante mirada, cuando debería estar estudiando para los exámenes.
“También invierte en tecnologías de cultivo. ¿Por qué está interesado en este área?”
“No podemos comer dinero, señorita Steele, y hay demasiada gente en este planeta que no tienen suficiente para comer.”
“Eso suena muy filantrópico. ¿Es algo por lo que se siente apasionado? ¿Alimentar a los pobres del mundo?”
Se encoge de hombros, muy evasivo.
“Es un negocio astuto,” murmura, aunque creo que está siendo poco sincero. No tiene sentido – ¿alimentar a los pobres del mundo? No puedo ver los beneficios financieros de esto, sólo la virtud del ideal. Echo un vistazo a la siguiente pregunta, confusa por su actitud.
“¿Tiene una filosofía? Si así es, ¿cuál es?”
“No tengo una filosofía como tal. Quizás un principio rector – Carnegie: ‘Un hombre que adquiere la habilidad de tomar plena posesión de su propia mente podrá tomar posesión de cualquier otra cosa a la que tenga justo derecho.’ Soy muy singular, tenaz. Me gusta el control – de mí mismo y de aquello a mi alrededor.
“¿Así que quiere poseer cosas?” Eres un friki del control.
“Quiero merecer poseerlas, pero sí, en pocas palabras, lo hago.”
“Suena como el consumidor final.”
“Lo soy.” Sonríe, pero la sonrisa no llega a sus ojos. De nuevo esto está en desacuerdo con alguien que quiere alimentar al mundo, por lo que no puedo evitar pensar que estamos hablando de otra cosa, pero estoy absolutamente desconcertada en cuanto a lo que es. Trago saliva. La temperatura en la habitación está elevándose o tal vez soy sólo yo. Sólo quiero que esta entrevista termine. ¿Seguramente Kate tiene suficiente material ahora? Echo un vistazo a la siguiente pregunta.
“Usted fue adoptado. ¿Hasta qué punto cree usted que eso conformó su forma de ser?” Oh, esto es personal. Lo miro, esperando que no esté ofendido. Frunce el ceño.
“No tengo modo de saberlo.”
Mi interés se ha despertado.
“¿Qué edad tenía cuando fue adoptado?”
“Ese es un asunto de registro público, señorita Steele.” Su tono es duro. Me sonrojo, de nuevo. Mierda. Sí por supuesto – si hubiera sabido que iba a hacer esta entrevista, habría hecho alguna investigación. Avancé con rapidez.
“Ha tenido que sacrificar una vida familiar por su trabajo.”
“Esa no es una pregunta.” Es brusco.
“Lo siento.” Me retuerzo, y me hace sentir como si fuera una niña perdida. Lo intento de nuevo. “¿Ha tenido que sacrificar una vida familiar por su trabajo?”
“Tengo una familia. Tengo un hermano y una hermana y dos padres cariñosos. No estoy interesado en extender mi familia más allá de eso.”
“¿Es usted gay, señor Grey?”
Inhala fuertemente, y me estremezco, mortificada. Mierda. ¿Por qué no empleé alguna clase de filtro antes de leer esto directamente? ¿Cómo puedo decirle que estoy sólo leyendo las preguntas? ¡Maldita Kate y su curiosidad!
“No Anastasia, no lo soy.” Eleva las cejas, un brillo frío en sus ojos. No parece contento.
“Pido disculpas. Está um… escrito aquí.” Es la primera vez que ha dicho mi nombre. Mi pulso se ha acelerado, y mis mejillas están ardiendo otra vez. Nerviosa, me meto el pelo suelto detrás de las orejas.
Ladea la cabeza hacia un lado.
“¿Estas no son tus propias preguntas?”
La sangre se drena de mi cabeza. Oh no.
“Err… no. Kate – la señorita Kavanagh – compiló las preguntas.”
“¿Sois colegas en el periódico estudiantil?” Oh mierda. No tengo nada que ver con el periódico estudiantil. Es su actividad extracurricular, no la mía. Mi cara está en llamas.
“No. Es mi compañera de habitación.”
Se frota el mentón en silenciosa deliberación, sus ojos grises evaluándome.
“¿Te ofreciste voluntaria para hacer esta entrevista?” pregunta, su voz mortalmente tranquila.
Espera, ¿quién se supone que está entrevistando a quién? Sus ojos arden puestos en mí, y estoy obligada a contestar la verdad.
“Estaba obligada. Ella no está bien.” Mi voz es débil y compungida.
“Eso explica muchas cosas.”
Hay un golpe en la puerta, y Rubia Número Dos entra.
“Señor Grey, perdóneme por interrumpir, pero su siguiente reunión es en dos minutos.”
“No hemos terminado aquí, Andrea. Por favor cancela mi siguiente reunión.”
Andrea duda, mirándolo. Parece perdida. Él vuelve la cabeza lentamente para hacerle frente y levanta las cejas. Ella se ruboriza de color rosa brillante. Oh bien. No soy sólo yo.
“Muy bien, señor Grey,” murmura, luego sale. Él frunce el ceño, y vuelve su atención de nuevo hacia mí.
“¿Dónde estábamos, señorita Steele?”
Oh, estamos de vuelta a ‘señorita Steele’ ahora.
“Por favor no permita que le impida cualquier cosa.”
“Quiero saber acerca de usted. Creo que es lo justo.” Sus ojos grises están encendidos con curiosidad. Doble mierda. ¿Adónde va con esto? Sitúa los codos en los brazos de la silla y entrecruza los dedos, uniendo las yemas de los índices frente a su boca. Su boca… distrae mucho la atención. Trago saliva.
“No hay mucho que saber,” digo, sonrojándome otra vez.
“¿Cuáles son sus planes después de graduarse?”
Me encojo de hombros, lanzada por su interés. Venir a Seattle con Kate, encontrar un lugar, encontrar trabajo. Realmente no he pensado más allá de mis finales.
“No he hecho planes, señor Grey. Sólo necesito superar mis exámenes finales.” Para los cuales debería estar estudiando ahora en lugar de estar sentada en tu palaciega, elegante y estéril oficina, sintiéndome incómoda bajo tu penetrante mirada.
“Llevamos a cabo un programa de pasantías excelente aquí,” dice tranquilamente. Levanto las cejas con sorpresa. ¿Está ofreciéndome un trabajo?
“Oh. Lo tendré en cuenta,” murmuro, completamente confundida. “Aunque no estoy segura de encajar aquí.” Oh no. Estoy reflexionando en voz alta otra vez.
“¿Por qué dice eso?” ladea su cabeza a un lado, intrigado, un indicio de sonrisa jugando en sus labios.
“Es obvio, ¿no?” Soy descoordinada, desaliñada, y no soy rubia.
“No para mí,” murmura. Su mirada es intensa, todo el humor se ha ido, y extraños músculos profundos en mi vientre se aprietan de pronto. Aparto los ojos de su escrutinio y miro ciegamente hacia abajo a mis dedos anudados. ¿Qué está pasando? Tengo que irme – ahora. Me inclino hacia delante para recuperar la grabadora.
“¿Quiere que le enseñe los alrededores?” pregunta.
“Estoy segura de que está demasiado ocupado, señor Grey, y tengo que hacer un largo viaje en coche.”
“¿Está conduciendo de vuelta a la WSU en Vancouver?” suena sorprendido, ansioso incluso. Mira hacia fuera por la ventana. Ha comenzado a llover. “Bueno, mejor que conduzca con cuidado.” Su tono es duro, autoritario. ¿Por qué debería preocuparse? “¿Ha conseguido todo lo que necesita?” añade.
“Sí, señor,” respondo, guardando la grabadora en mi cartera. Sus ojos se estrechan, especulativamente.
“Gracias por la entrevista, señor Grey.”
“El placer ha sido todo mío,” dice, educado como siempre.
A medida que me levanto, se levanta y me tiende la mano.
“Hasta que nos encontremos de nuevo, señorita Steele.” Y suena como un desafío, o una amenaza, no estoy segura de qué. Frunzo el ceño. ¿Cuándo vamos a encontrarnos otra vez? Sacudo su mano una vez más, asombrada de que esa corriente extraña entre nosotros sigue ahí. Deben ser mis nervios.
“Señor Grey.” Asiento hacia él. Moviéndose con ágil gracia atlética hacia la puerta, la abre de par en par.
“Sólo asegurándome de que llegue a la puerta, señorita Steele.” Me ofrece una pequeña sonrisa. Obviamente, se está refiriendo a mi anterior menos que elegante entrada a su oficina. Me sonrojo.
“Eso es muy considerado, señor Grey,” digo bruscamente, y su sonrisa se ensancha. Me alegro de que me encuentres entretenida, frunzo el ceño interiormente, entrando hacia el vestíbulo. Estoy sorprendida cuando me sigue fuera. Andrea y Olivia miran hacia arriba, igualmente sorprendidas.
“¿Tenía un abrigo?” pregunta Grey.
“Sí.” Olivia se levanta de un salto y recupera la chaqueta, la cual le quita Grey antes de que pueda alcanzármela. La sostiene y, sintiéndome ridículamente autoconsciente, me encojo dentro de ella. Grey sitúa sus manos por un momento en mis hombros. Jadeo ante el contacto. Si se da cuenta de mi reacción, no dice nada. Su largo dedo índice presiona el botón convocando el ascensor, y permanecemos de pie esperando – torpemente por mi parte, fríamente dueño de sí mismo por la suya. Las puertas se abren, y me apresuro desesperada por escapar. Realmente necesito salir de aquí. Cuando me vuelvo para mirarlo, está apoyado contra la puerta junto al ascensor con una mano en la pared. Realmente es muy, muy atractivo. Es una distracción. Sus ardientes ojos grises me miran.
“Anastasia,” dice como despedida.
“Christian,” respondo. Y gracias a Dios, las puertas se cierran. 

17 oct. 2013

Zac Efron se desnuda

La instantánea corresponde a las escenas calentitas de la película That Awkward Moment cuyo protagonista es Zac Efron el otrora modosito chico disney que ahora se apunta a la moda del desnudo para abandonar su imagen de chico bueno que hasta ahora lo había caracterizado.

7 oct. 2013

La caída de Scarlett Johansson en el rodaje de "Under the skin"




Es cierto que cuando alguien se cae  y lo vemos en directo nos puede producir risa, pero hacer mofa de unas fotos de una caída es otro cuento.
Es lo que le ha sucedido a la bella actriz Scarlett Johansson con las fotos de una caída que sufrió durante el rodaje de la película "under the skin"   Y aunque dicho incidente ha ocurrido hace unos cuantos meses, solo hasta ahora ha salido a  la luz  reproduciéndose en internet con mofas y bromas

En Under the Skin, cuyo estreno fue en el mes de agosto en los Estados Unidos,Johansson da vida a Laura, una seductora joven que vaga sola por tier ras escocesas. Bajo su atractiva apariencia se esconde una cazadora alienígena que utiliza sus encantos de mujer para atrapar a sus obnubiladas presas terrícolas. Hombres que buscan un ligue fácil y que se encontrarán con algo que jamás había visto...


Todas ...todas !!!!

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