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22 mar. 2009

Muere Jade Goody, la gran hermana más famosa del mundo

Lo anunció esta mañana en tono lúgubre su agente Max Clifford, maestro de ceremonias del circo mediático de sus últimos días de vida. murió el domingo de madrugada. El día que aquí se celebra el día de la madre. Lo ha hecho con apenas 27 años y en su casa del condado de Essex, envuelta en un último retazo de intimidad y rodeada de sus seres queridos.

Su madre Jockey Budden –analfabeta y ex adicta al crack- acertó a decir a los reporteros: "Mi niña bonita está por fin en paz". Lo ha estado en cierto modo en estos últimos días, agotados como estaban todos sus compromisos mediáticos. Goody tenía ya sólo cita con la muerte y con la muerte prefería vérselas en casa, lejos de la esclavitud de tubos y enfermeras del Royal Marsden Hospital, en el barrio de Chelsea.

Su última muesca mediática la propició el bautizo de sus hijos, cuya exclusiva engordó las ventas de la revista 'OK'. La próxima será un funeral que se prevé melodramático, multitudinario y preñado de emotividad. "Ella quería que fuera una gran celebración", dijo ayer Max Clifford, "al fin y al cabo es su despedida de todo el mundo y ella es la primera gran estrella de la telerrealidad. Será un evento muy del estilo de Jade. Exactamente como ella quisiera que fuera".

Según Clifford, Jade le habló recientemente a sus hijos de la gravedad de su estado: "Se sentó con ellos y les explicó que mamá se iba al cielo y que el cielo es un lugar donde la gente que está enferma va a ponerse mejor. Les dijo que cuando miraran al cielo y vieran una estrella será mamá que les está mirando". La simplicidad y el almíbar de su personalidad en estado puro, reflejados también en las flores y los mensajes que decenas de desconocidos dejan esta mañana soleada a las puertas de su casa.

Goody surgió de la nada hace siete años, cuando fue seleccionada para el programa 'Gran Hermano'. No ganó, pero su carácter entre pendenciero e iletrado conectó inesperadamente con la audiencia y le otorgó el dudoso privilegio de iniciar una vida pública al salir de la casa. Así fue como participó en la edición para famosos del programa, donde su fama se multiplicó después de una trifulca racista con una de las concursantes. La disputa provocó un incidente diplomático que requirió de los buenos oficios de Gordon Brown, por entonces ministro de Economía y de viaje en la India.

Nada que cortara las alas a la imparable fama de Jade, que crecía directamente proporcional al eco de sus escándalos. Nunca importó que no supiera que Río de Janeiro era una ciudad o que Cambridge no era un distrito de Londres. El público adoraba sus formas bruscas y su ignorancia. Como si se mirara en un espejo deformado. Jade escribió dos autobiografías, lanzó su propio perfume y abrió sus propios salones de belleza.

Su ascenso imparable sólo lo frenó el cáncer que le diagnosticaron en septiembre del añ pasado. Jade dejó la edición india de 'Gran Hermano' para iniciar el tratamiento y desde el primer momento ordeñó con naturalidad su deterioro físico. Primero en programas semanales y luego en el final apoteósico que ha incluido boda, banquete, bautizo y esta traca final -que finalmente no será televisada-. Todo vendido y coreografiado para maximizar el beneficio económico que disfrutarán sus hijos, que quizá tengan la educación que a su madre se le negó pero que crecerán también en un hogar tremendamente desestructurado.

"La familia y los amigos querríamos tener intimidad al fin", decía esta mañana su madre. Una petición que quizá llegue demasiado tarde.

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