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7 abr. 2010

Las pulseras del sexo, juego de muerte y perversión

ALERTA
Qué juego perverso y de muerte esconden las "pulseras del sexo"?
La moda, surgida años atrás en el Reino Unido y aterrizada hace sólo unos meses en los colegios brasileños, causa el rechazo tajante entre padres y profesores y pone en peligro la vida de las chicas que las llevan puestas. Qué hay que tener en cuenta.

Dos adolescentes que vacacionaban la pasada Semana Santa en lugares separados de Manaos, la capital del estado brasileño de Amazonas, murieron bruscamente en un lapso de 24 horas y, junto a sus cadáveres hallaron un puñado de pulseras de colores arrancadas a la fuerza de sus muñecas.

La primera muerte ocurrió en la noche del Viernes Santo. El cuerpo de la joven apareció en medio de una calle del barrio de Valparaíso, en la zona este de Manaos, con dos brazaletes rotos a su lado, según indica El Mundo.

A la madrugada siguiente, en el sur de la ciudad, la otra adolescente apareció muerta en similares condiciones. Ebria o drogada -según trascendió-, había estado ccompañada de un hombre con quien consiguieron despistar al recepcionista de un hotel para colarse en una de las habitaciones. A los pocos minutos, el desconocido abandonó el lugar asegurando que la chica de 14 años había intentado robarle, agrega el diario español.

Era demasiado tarde cuando personal de limpieza del hotel descubrió a la menor tirada en el piso del cuarto, con hematomas en el cuello y otras seis pulseras de colores partidas junto a ella, pulseras que su padre le tenía prohibido usar.

En el estado de Paraná, al otro extremo del país, un juez acababa de prohibir la venta de aros y pulseras de colores a menores después de que un grupo violara a una niña de 13 años que también los llevaba puestos.

Del amarillo al negro

Considerada por muchos como un adorno inocente, también hay quienes ven a éstas como un provocador juego de intercambio sexual. La moda, surgida años atrás en Reino Unido y aterrizada hace sólo unos meses en los colegios brasileños, gira en torno a un mecanismo que no podría ser más simple y enrevesado a la vez, explica El Mundo.

Llevar uno de los brazaletes es sinónimo de querer mantener algún tipo de contacto con quien consiga romperlo. Y la profundidad, en ciertos casos literal, de esa relación viene marcada por el color de la pulsera. Desde el tímido amarillo -sólo abrazos- hasta el desinhibido negro -sexo completo- existe toda una gama de "premios": el violeta implica un beso con lengua, el rosa permite recrearse con los pechos de la chica y el azul garantiza el placer oral.

Este juego erótico deja de serlo cuando las "pulseiras do sexo" caen en manos de niñas que las visten sólo porque van a juego con sus faldas o sus zapatos, ignorando o despreciando el doble significado al tiempo que otros jóvenes malintencionados intentan sacar provecho de la excusa.

"Vas a tener que pagar, vas a tener que pagar", le decían a la niña de 13 años los cuatro hombres que le arrancaron su aro del brazo mientras esperaba el autobús a la salida del colegio en Londrina (Paraná). Aquella tarde del 14 de marzo no ocurrió nada, pero al día siguiente los asaltantes volvieron al mismo lugar para llevarla hasta la casa de uno de ellos y exigirle el cobro por la vía de la fuerza.

"No hay duda de que (la violación) ocurrió por el uso de la pulsera. Ni estudiaban en el mismo colegio ni vivían en el mismo barrio. No se conocían", explicó entonces el comisario de policía Willian Soares.

Los brazaletes de colores, que pueden comprarse a decenas por sólo dos reales, ya se han ganado sin quererlo los recelos de padres y profesores

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